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miércoles, 8 de octubre de 2008

SEGUNDO DEBATE ELECTORAL McCAIN – OBAMA



El escenario era propicio, en el corazón de Nashville, Tennessee, esa América profunda en la que late la música country, de la que es su capital, y donde pugnan con fuerza los valores conservadores. Debió ser un punto de inflexión en esta campaña para el candidato McCain, estaba en un territorio propicio para sacar esos argumentos que convencen a los norteamericanos, para hablarles de tú a tú. Pero no lo hizo. Dejó pasar la oportunidad. Lástima, porque un joven y hábil Obama, inexperto en tantas cuestiones, pero de innatas dotes para la oratoria y la comunicación, ha sabido aguantar el tipo una vez más y salir airoso del debate celebrado en la Belmont University, con la moderación de Tom Brokaw, de la NBC, que apoya a los Demócratas también, como todos los moderadores de los debates en estas elecciones.

Las preguntas de los votantes presentes y las remitidas a través de Internet, no han servido para que los candidatos se suelten y podamos ver un debate apasionante.
La primera mitad de la hora y media que ha durado, se ha centrado en la economía y nos ha servido para comprobar dos cosas que ya sabíamos: que el fuerte de McCain no es la economía y que las ideas que pueda tener Obama sobre qué hacer en este tema son tantas y diversas como los asesores que pululan a su alrededor. Eso sí, se ha mostrado más dinámico hablando de la cuestión; lógico, sabe que la crisis económica le favorece electoralmente y no duda en explotarlo demagógicamente.
McCain apuntó la independencia energética, evitar el derroche de gastos innecesarios, y mantener los impuestos bajos, como tres de sus objetivos, pero no presentó un sólido plan económico, algo que debe hacer urgentemente, y eso lo aprovechó Obama para atacar, atacar, y atacar. Sabe que le da réditos electorales y persevera en ello. Puso el acento en la supervisión del plan de rescate gubernamental de 700.000 millones de dólares, recortes de impuestos a la clase media, a los propietarios de viviendas en problemas, y en reformar la asistencia sanitaria.

El debate ha dejado la sensación de que McCain podría hacer mucho más, que debería hacer mucho más, porque el tema le está costado miles de votos que pueden ser vitales para lograr la Presidencia…o perderla.
Obama, como chico disciplinado y ambicioso que es, ha controlado mejor sus defectos y se ha mostrado más ágil. Su lenguaje corporal también ha sobresalido y aunque sus ideas necesitan pasar por una urgente sesión de “asesoramiento-epecializado-a-ver-si-te-enteras-chaval-de-lo-que-significa-realmente-Estados-Unidos-y-la-presidencia-no-sea-que-la-cagues”, por decirlo en plan irónico y no sangrante, sí que ha demostrado pose presidencial. Lo que no sabemos es si su preparación podrá evolucionar acorde con esa planta presidencial que se nos empeña en aguantar desde ya. Alguien debería advertirle que, si gana, algo que no está conseguido ni mucho menos, por más que algunos medios se empeñen, esa pose presidencial deberá mantenerla contra viento y marea durante el tiempo que dure su presidencia, y que no podrá ser sólo pose, sino sustancia y liderazgo de verdad.
Obama siguió apostando por su “cambio”, un mensaje que vuelve a ganar fuerza ante los tiempos de crisis que vivimos. Al relacionar ese cambio con la capacidad de sacrificio y el coraje, algo que está profundamente anclado en la psique americana, conectó con millones de americanos. No, fue, por tanto, ninguna idea Demócrata nueva o brillante, sino al apelar a los tradicionales valores americanos del valor y el coraje, cuando mejor conectó con la sociedad. Ahí es cuando vemos a un Obama más presidencial, precisamente cuando se aleja de las idioteces a las que nos tienen últimamente acostumbrados tantos Demócratas.

La segunda parte del debate se centró en la guerra contra el terrorismo e Iraq. McCain se mostró firme y valiente, apostó por continuar con una política dura frente a los terroristas, la permanencia en Iraq hasta que sea necesario, y recuperó un tema importantísimo que ha estado fuera de la atención hasta ahora: la captura de Osama bin Laden, desvelando su intención de ir a por él. Obama coincidió en ese punto, pero se posicionó por la salida de las tropas de Iraq en un plazo razonable. Decir eso y nada, todo es uno. En cambio, estuvo acertado al señalar el enorme peso de la intervención militar en los soldados y en los presupuestos.
McCain se comprometió a traer a las tropas con honor. La posición de Obama es la retirada, aunque sea vergonzosa…todos sabemos que al candidato Demócrata eso le importa un pimiento.

Lo triste de este proceso electoral es que McCain, mucho más experimentado, con cualidades más interesantes para la Presidencia, como el liderazgo sólido e inquebrantable de alguien que ha luchado por su país en el campo de batalla y en el Congreso durante años, se esté viendo arrastrado por las aguas turbulentas de la crisis económica. Una tormenta que puede llevarse el ticket McCain-Palin al almacén de la Historia si no endereza el rumbo rápidamente. Como dijo McCain recientemente: “la vida no es justa”. Sin embargo, ante todo hay que saber vencer o perder con honor y dignidad, algo que el Senador Republicano sabe hacer.

Pero precisamente porque me encantan las historias de superación, porque McCain está infinitamente mejor preparado para ser Presidente que Obama, y porque el partido no termina hasta el último minuto, no le doy por vencido al viejo, gruñón, e irascible veterano que jamás dejó a sus compañeros en la estacada, al Maverick que conozco, inasequible al desaliento y capaz de luchar hasta el final con honestidad por sus ideas y su país.

Cuando son tantos los que huyen despavoridos del barco para ponerse al sol calentito de los Demócratas, por aquello de que parecen ganar en las encuestas, quiero creer que John McCain, con la ayuda inestimable de Sarah Palin, las bases del Partido Republicano, y de esa inmensa mayoría del pueblo americano, dará la vuelta al partido en el último segundo del último minuto, ganando el 4 de noviembre de forma sorpresiva. Como lo hizo Truman, en el que parece encontrar inspiración, para marcar un período histórico crucial que se nos avecina.

Porque una Presidencia Obama estaría llena de riesgos impredecibles y de un aprendizaje del Demócrata que le puede costar a EE.UU demasiado caro en todos los sentidos, confío que McCain remonte el vuelo y nos regale un final emocionante.
Un final americano.

viernes, 3 de octubre de 2008

DEBATE PALIN-BIDEN



El lugar, la Washington University, en St. Louis, Missouri, la West Gate, esa Puerta al Oeste profundo americano. Enfrente, dos candidatos a Vicepresidente muy distintos. La Gobernadora de Alaska Sarah Palin y el Senador por Delaware Joe Biden. La moderadora, Gwen Ifill, de la PBS, cuya objetividad fue puesta en duda previamente al debate, debido a que es pro-Obama, ha quedado plasmada en una actuación ligeramente a favor de Biden, pero en general independiente.

Un veterano como Joe Biden frente a alguien relativamente nuevo en política como Sarah Palin. Las sensaciones tras el debate es que la Gobernadora de Alaska ha salido airosa del envite y ha realizado una buena defensa de McCain, de quien ha defendido su condición de héroe y “maverick”. Joe Biden se ha mostrado contenido, evitando las refriegas directas y apuntando directamente contra McCain.
Palin se ha mostrado en todo momento como una madre trabajadora y una ciudadana corriente que conoce los desafíos de la vida cotidiana. Ése ha sido un gran acierto porque le permite conectar con esa inmensa masa de madres trabajadoras, las hockey moms, que pueden identificarse con ella. Palin ha prometido algo sencillo y a la vez muy importante: luchar por la clase media, algo que parece perderse de vista en la magnitud de los problemas nacionales, pero que es fundamental. Se mostró bien capacitada en política energética y conocedora de los retos internacionales.

Biden mantuvo las distancias y sólo descalificó a su contrincante al hablar del papel del Vicepresidente, centrando su atención en McCain, a quien hizo corresponsable de la actual política económica, la desregulación financiera y protector de los intereses de las empresas y los ricos.
Palin estuvo directa y brillante en el tema de Iraq al acusar a los Demócratas de tener únicamente un plan que consiste en agitar la bandera blanca de la rendición, poniendo en evidencia la postura interesada, cobarde y derrotista de los Demócratas desde hace mucho tiempo. Al recordar la amenaza que representa el régimen de Mahmud Ahmadineyad en Irán, y la necesidad de que EE.UU evite un segundo Holocausto, puso de manifiesto que entiende cabalmente el tremendo peligro que representa el régimen iraní.

Es cierto que Biden demostró sobradas dotes de orador con una amplia experiencia. No en balde es un veterano de la política. Pero esto no le sirvió para vencer claramente a una Palin combativa que cree y defiende sus ideas con honestidad y que, por tanto, es capaz de conectar con el ciudadano medio. Muchos intelectuales y especialistas políticos ven esto como un hándicap, algo propio de una amateur, concediéndole a Biden la victoria en virtud de su experiencia. Es un error porque en política tan importante como la experiencia o más es la defensa de los ciudadanos de a pie y de los valores americanos por excelencia, algo en lo que Palin goleó a Biden.

El debate dejó la sensación de un veterano Senador, integrante del sistema, un insider de Washington D.C., frente a una ciudadana normal que defiende sus ideas con valentía y sinceridad. Las élites intelectuales tienden siempre a minusvalorar esta cuestión, pero la Historia demuestra que en EE.UU el ciudadano corriente se alza victorioso. Ronald Reagan lo hizo en su día y George W. Bush llevó el poder del pueblo a la Casa Blanca frente a los que piensan que sólo los miembros del establishment de siempre están preparados para gobernar. Palin reivindicó con acierto la visión de Reagan sobre la libertad, el país y las futuras generaciones, retomando una idea que está profundamente anclada en la psique americana y que ningún Biden puede superar, por muy veterano que sea.

El debate sirvió para que Sarah Palin vuelva a conectar con el ciudadano común, ahí le ganó la mano a Biden de medio a medio, mostrándose dinámica, coherente con sus ideas y enérgica. El veterano Senador, por su parte, y eso hay que reconocerlo, se mostró convincente y sólido, evitando esa actitud petulante que suele acompañarle a veces, resultando brillante por momentos.
En resumen, fue un debate interesante, que cumplió con las enormes expectativas que había despertado. ¿Un vencedor? Biden demostró elocuencia y Palin estuvo desenvuelta y simpática. Cada uno se apuntó victorias. Pero Palin sale más beneficiada al haber cumplido el trámite con soltura y derrotado a los críticos que auguraban su fracaso; algo que no ocurrió.

viernes, 25 de enero de 2008

BAJO EL CÁLIDO SOL DE FLORIDA


Los pre-candidatos presidenciales se esfuerzan en estos días en cortejar a los votantes de los Estados que votarán en breve. Con especial insistencia en Florida, que celebra primarias republicanas el día 29 de enero.

Mientras Barack Obama se dispone a ganar en Carolina del Sur el sábado 26, y Hillary Clinton se espabila y patea otros dos Estados claves para el Supermartes, California y New Jersey, que enviarán gran cantidad de delegados para la Convención Demócrata, consiguiendo el endorsement del sindicato United Farm Workers, que representa a 27.000 trabajadores, en el primero, y hablando de economía en el segundo, haciendo hincapié en su trabajo como Senadora, los Republicanos aprietan el acelerador en Florida, un Estado que pone 57 delegados en juego.

Todos los pre-candidatos favoritos hicieron un papel digno en el debate republicano que se celebró en la MSNBC, en Boca Raton. Los temas de atención fueron la economía, los impuestos y las críticas a los demócratas. Los front-runners John McCaine y Mitt Romney supieron defender sus posturas con habilidad y sin meter la pata. Romney hizo gala de seguridad en los asuntos planteados, con creciente confianza, pese a ser foco de los ataques de Huckabee, Giuliani, y los moderadores Brian Williams y Tim Russert. De nuevo centró su mensaje en “arreglar Washington”, se postuló como el candidato del cambio, atacó a McCaine por haber votado en contra del recorte de impuestos de Bush, y cargó con fuerza contra los demócratas, en concreto contra Hillary, a quien acusó de formular políticas económicas propias de la “vieja Europa”, que conducirían a crear menos empleos en América.
El ex-alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, necesitado de la victoria aquí, donde ha centrado su estrategia de campaña, intentó destacarse, habló sobre control de armas y del fondo para catátrofes nacionales, y pese a estar bien, no consiguió brillar todo lo que necesitaba.

Por su parte, John McCaine mantuvo una actuación comedida y sólida. Su estilo veterano le confiere ese aire de fortaleza y seguridad que lo convierte de inmediato en el candidato más creíble. Estuvo muy bien en Seguridad Nacional, no buscó la confrontación y mantuvo su estatus de front-runner. Su único desliz fue cuando Tim Russert le recordó un comentario propio en el que admitía que su conocimiento de la economía era más limitado que su dominio en Seguridad Nacional. Ahí hubo de defender su postura, afirmando que también dominaba la economía. Coincidiendo con el debate, McCain recibió el endorsement del New York Times, aunque esto no es significativo de cara a los votantes republicanos, incluso es más un palo en la rueda, sí lo es para los votantes demócratas, y el de Sylvester Stallone, que le da más popularidad.
En resúmen, McCain vuelve a prometer garantías de seguridad en economía y Seguridad Nacional. Dos puntos importantes sobre los que se centrará la campaña presidencial hasta noviembre.